El Destripador
Post Olímpico


Lo que han dicho algunos lectores:

- ¡Repulsiva! No llegué al fin.

- ¡Jamás pensé en una novela tan retorcida y asquerosa!

- Comencé a leerla y no paré hasta el final. Me reí muchísmo.

- Es un delirio total.

- Excomunión y fuera del mercado. ¡Esto es un delito!

- Como mínimo, divertidísma.

- Espero con ansias el segundo. Para mí eres un mito algo nuevo.

- ¡Mereces la pena de muerte!


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Publicado por

Blue Jay Ink

Capítulo II
Página 8...

MATADOR

Eladio Córdoba se dirigía hacia el frenopático con ración doble de mala leche. No podía olvidar la tardecita anterior con los nenes de papá y, segundo, el madrugón que se había pegado. Normalmente solía levantarse a eso de las once y ese día lo había hecho a las diez. Estos ataques de mala hostia antaño los arreglaba en comisaría, con su picha de toro. Si tenía que madrugar, lo primero que hacía era tomar unos carajillos y, una vez entonado, se paseaba por los calabozos repartiendo pichazos hasta la saciedad, y si alguien se quejaba más de lo normal, le daba otro repasillo; así su humor mejoraba notablemente. Pero hoy no podía flagelar a Fernando, sí podía darle unas cuantas hostias con el ABC bien enrolladito, pensamiento que lo relajó de inmediato y esbozando una sonrisa al más puro estilo hiena prosiguió su camino.

Fernando estaba en una habitación. Sus ojos se fueron abriendo muy despacio para acomodarse a la luz del fluorescente que colgaba del techo. Miró a su alrededor y descubrió unas paredes alicatadas hasta la mitad que le resultaban muy familiares. Con cierto horror fue repasando el resto del mobiliario y encontró lo que no quería: gasas, algodones, pinzas, tubos de goma y frascos de pastillas que no podía identificar.

La nariz le empezó a picar, su gesto fue el de ir a rascarse, pero fue entonces cuando se dio cuenta de la magnitud de su tragedia. Tenía las manos atadas al igual que el resto de su cuerpo. Rápidamente empezó a recordar el día anterior, o los días, pues ignoraba el tiempo que llevaba allí, fueran los que fueran, su memoria le mandaba imágenes inequívocas de los hechos acaecidos el día anterior, o los días anteriores. La primera instantánea que le llegó, era la del bar El Rincón de Manolo, que solía frecuentar antes de sus visitas a los bloques de aquella zona, le hacían un precio muy especial por los carajillos, seis al precio de cinco...Lee más>>